Entre la esperanza y la desesperanza

Discurso leído por Ana María Busquets de Cano en la ceremonia de entrega del Premio Mundial de la Libertad de Prensa Unesco/Guillermo Cano 2013, celebrada en San José de Costa Rica en 3 de mayo.

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La primera periodista galardonada con el Premio Mundial de la Libertad de Prensa Unesco/Guillermo Cano, la china Gao Yu, estaba en prisión acusada por revelar secretos de Estado cuando se hizo público este reconocimiento a su valor y a su compromiso con el ejercicio libre e independiente del periodismo. Diecisiete años después, una valiente mujer etíope, Reeyot Alemu cumple, en la prisión de Kaliti, una pena de cinco años que se ampara en una ambigua ley antiterrorista aprobada en su país en 2009.

¿Cómo interpretar esta realidad? Si nos ubicamos en la orilla de la esperanza, es decir en ese estado de ánimo que caracteriza al ser humano y por el cual se cree que aquello que uno desea es factible, desde la Fundación Guillermo Cano soñábamos, al crearse este premio, en que un mundo mejor era posible para quienes dedicaban sus vidas al noble oficio del periodismo.

Pero la realidad es tozuda. Han pasado casi dos décadas y siguen en aumento las cifras de periodistas asesinados y encarcelados, así como las presiones y los ataques a la libertad de expresión. Hoy nos preguntamos, ahora desde la orilla del desaliento, si es que no hay, entonces, lugar a la esperanza.

Los periodistas trazan un mapa del mundo social a través de su trabajo, interpretan el funcionamiento de la sociedad, contribuyen a proponer marcos explicativos y a estructurar conocimiento público, de ahí su influencia en la comprensión que las personas tienen del mundo en el que viven.

Sin duda, el éxito de la democracia radica en la existencia de información de calidad, fiable y precisa para el ciudadano y en la posibilidad de que los medios aseguren que la voz de los ciudadanos es escuchada, como impulsadores que son de una esfera pública y deliberativa.

Una información con estos atributos, es posible cuando existen escenarios en los que el rol de monitoreo del periodismo y de escrutinio crítico de quienes detentan el poder en los gobiernos, los negocios y otras de influencia de la sociedad es factible. Sin embargo, y quizá precisamente por ello, es que no cesan los ánimos de control y las presiones. Censura directa e indirecta, hostigamiento, persecución legal, presiones económicas y organizacionales, encarcelamientos, amenazas, desapariciones, secuestros y asesinatos no dejan de ser revelados por todos aquellos que trabajan cotidianamente en defensa de la libertad de expresión y sin cuyo trabajo la situación sería aún más grave.

Ser periodista hoy representa un gran reto. Se requiere el domino de nuevas técnicas; la habilidad para procesar, valorar e interpretar caudales infinitos de información; la capacidad de tener una voz propia y de ganar credibilidad en este nuevo panorama de flujos y soportes de comunicación. Pero además, enfrentarse a un sector económico en constante transformación y tremendamente desigual en términos de la remuneración que reciben los profesionales del periodismo por su labor. Las condiciones laborales actuales de la gran mayoría de los periodistas en el mundo poco tiene que ver con la responsabilidad, al exigencia y el sentido de una labor social como la que ellos desarrollan.

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Hace seis años, en Medellín, los asistentes a la celebración del Día Mundial de la Libertad de Prensa y a la Conferencia Internacional de la Unesco firmábamos una declaración orientada a garantizar la seguridad de los periodistas y la lucha contra la impunidad. Hoy en San José de Costa Rica se constata que los esfuerzos nunca serán suficientes frente a la necesidad de lograr sociedades en donde se respete el derecho a la libertad de expresión y al ejercicio libre y autónomo del periodismo.

La Fundación Guillermo Cano se siente orgullosa de haber apoyado desde sus inicios este premio y está comprometida en seguir impulsándolo, consolidándolo y proyectándolo. La han acompañado en esta labor en distintos momentos organizaciones como la Fundación Nicholas B. Ottaway, el periódico danés JP/Politiquen, la Fundación Luis Carlos Sarmiento Angulo, la Helsingin Sonomat Foundation, cuyos aportes han sido esenciales e invaluables. Sostener encendido ese faro que es la libertad de expresión es una tarea en la que Unesco y las organizaciones de defensa de este enorme derecho no pueden cesar.

A Reeyot Alemu y a todos los periodistas que en el mundo ennoblecen esta labor, ¡gracias!

San José de Costa Rica, 3 de mayo de 2013

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